Dione moneta poeyii

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lunes, 24 de octubre de 2011

Chavela, mi mariposa monarca

Colaboración de Marie Lissette Alvarado

Originalmente publicada en Física 1011 (Tutor Virtual)
01/06/2011

Siempre he sentido una fascinación por observar y aprender sobre todo lo que me rodea. He guardado piedras, tuve un herbolario, y atrapaba insectos,  aunque  a veces por ello pagué un alto y doloroso precio, pues en vez de terminar recogiendo un espécimen, terminé siendo la víctima.
Una vez observé a una mariposa nocturna que estaba  revoloteando sin rumbo por el interior de mi casa. Mamá improvisó con una vieja media una especie de atrapa insectos y después de corretearla, la atrapé. Era de buen tamaño, blancuzca, regordeta y peluda, de antenas  gruesas, ojos enormes y negros. Recurrí a los libros para identificarla y como no estaba segura, al ver  tanta variedad de mariposas, tuve la mala idea de coleccionarla como si fuera un cromo. En aquel entonces carecía de las facilidades técnicas y de entretenimiento que hoy tenemos, así que enfocarme en alguna actividad que considerara interesante para  mí era más que suficiente, no pensé en el daño que estaba ocasionando.
Asclepias curassávica
Así empecé una modesta colección de mariposas. Desgraciadamente, atrapé y dejé morir a muchas de ellas. 
Quien iba a pensar años después  tendría la oportunidad de experimentar la forma correcta de esa experiencia.

Todo comenzó cuando a jav se le  ocurrió adquirir una chayotillo de aire, que sembró  en su jardín y como saben o  pueden leer en estas tres entradas (Asclepias physocarpa, Mariposario personal  y Monarcas Villalobos), resultó en varias mariposas monarca.
Chavela de 6 horas, dentro de la maternidad.
Seguro para reivindicarnos  con la madre naturaleza, recomenzamos esta aventura monárquica, solo que esta vez la metodología sería muy diferente, más ecológica y responsable. Diría que inició  el pasado 9 de marzo cuando jav me regaló algunos chayotillos de aire.

Comencé por buscar información y conseguí un cuaderno para realizar una bitácora de todas las experiencias. Escribí todos los detalles posibles y recolecté todo tipo de muestras.

Finalmente  un chayotillo se secó, seleccioné algunas semillas, las sembré  y ya tengo varias plantitas creciendo, más un buen número de anotaciones en la bitácora.
12 horas, asomándose por la ventana
El 15 de abril, las cosas dieron un giro inesperado. En un vivero conseguimos, varias enredaderas de pasifloras y cuatro asclepias curassavica, que son plantas hospederas de mariposas monarca.
Cuál no va siendo mi sorpresa el 2 de mayo, al ver que una de las curassávicas se estaba quedando sin hojas. Y cuando fui a revisar la causa, ¡qué alegría; una larva crecidita y comelona de mariposa monarca!


Siguiendo las indicaciones del mariposario personal, construí una maternidad portátil con una caja de cartón, cedazo plástico y algo de alambre, donde metí la pequeña curassávica y la oruga de monarca, aun en crecimiento.
Seguro ya estaba un poco adelantadita, pues al siguiente día, la larva se transformó en crisálida e inició esa etapa de metamorfosis, sin darme tiempo a ver las primeras, por ejemplo desde el huevo. Será en la próxima.
¡Jamás me imaginé tanta fortuna!
24 horas, en mi mano.
Así que, de la noche a la mañana, la oruga abandonó la planta y buscó refugio en una de las paredes de la caja donde se colgó. Horas antes miré que en su parte posterior la oruga estaba excretando un fino hilo trasparente. De esa gomosidad se valió para fijarse y luego adoptar una peculiar forma de  “J”. Con el paso de las horas  entró en un letargo, interrumpido esporádicamente por pequeñas sacudidas. Desafortunadamente, la oruga escogió altas horas de la noche para iniciar su paso a crisálida, así que no pude ver cómo lo hacía, solo recuperé la piel que desprende.
La pequeña pupa es realmente hermosa,tiene un color verde jade muy intenso; cerca de la zona de donde cuelga, se le dibuja una fina línea horizontal de un color dorado o amarillo que más pareciera una especie de zipper por su ligero y delicado verdugón.
Vista con una lupa.
Al llegar la mariposa a esta etapa de su vida, la curassávica puede empezar a recuperarse, pues la crisálida ya come hojas, ha almacenado suficiente alimento y energía, para entrar en un estado de hibernación mientras comienza a sufrir cambios significativos.
De aquí en adelante, hay que esperar con paciencia a que continúe la metamorfosis dentro de la crisálida, y vigilar que depredadores como las hormigas no hagan acto de presencia, pues la mariposa es completamente vulnerable en esta etapa de su vida.
El período de crisálida dura unos quince días, así que cada vez que podía estar breves instantes observaba si se presentaba algún cambio, que me permitiera disfrutar el tan esperado espectáculo. Y mientras hacía eso, me ponía a pensar de todo un poco,  las personas han utilizado la vida de la mariposa como un perfecto ejemplo para cavilar acerca del significado de sus vidas y todos los temas filosóficos que se puedan imaginar, incluso, decidí darle un nombre para que las cosas no fueran simplemente un experimento, después de todo había dedicado tiempo y atenciones con mi huésped. Así que pensé; será una mariposa monarca, de entre las reinas a través de la historia, me quedó el nombre de la reina Isabel y  para que no fuera tan formal, la llamé “Chavela”.
Así que cuando nació, le llamé Chavela , dudo que eso le haya interesado a la mariposa, pero a mí me gustó.



Sobre el limonero y adiós.
Como siempre, la naturaleza actúa cuando sea su momento y no cuando uno lo espera. El domingo 15 de mayo, salí de mi casa alrededor del mediodía, pero antes de hacerlo, como ya se me había hecho rutina, le observé instantes  antes de partir; todo seguía sin cambios. Regresé a las 13:30, me dispuse a calentar y servir el tardío almuerzo, y en un instante, vi revoloteando en su guardería a “Chavela”.
No tuve la oportunidad de verla romper la crisálida y emerger, pero sí la vi instantes después de su nacimiento y confieso que fue un momento memorable, sus patitas temblorosas, con caminar incierto e inseguro.  Me acerqué despacio y con cuidado para no perturbarla, pues me preocupaba que se fuera a lastimar en un lugar relativamente pequeño para este insecto. Permaneció la mayor parte del tiempo reposando, mientras sus alas se secaban, pero ya entrada la noche, llevé la cajita maternal  a un lugar confortable y oscuro, las mariposas se ven influenciadas por la luz y esta recién nacida necesitaba descansar.
Al día siguiente le tomamos fotos, cerramos la habitación para dejarla salir de su cuna y que no saliera aún al patio, estuvo en nuestras manos, cabeza y hombros, pero al acercarse a la ventana, se mostró algo alterada. Pensé que era atraída por la luz  del exterior, después de todo no se había aún alimentado y como la mañana estaba soleada, hermosa y había una temperatura agradable, le permitimos total libertad; con ese propósito se le cuidó.
Chavela, su hermana, o prima, de
regreso en la curassavica.
No lo sabré, solo espero una nueva
generación de monarcas.


Llamó mi  atención que no se apartó de nuestro patio por varias horas, se posó en la parte más alta de un árbol de limón y ahí refrescó sus alas con la suave brisa, de pronto, revoloteaba por los alrededores del patio y regresaba a su punto de partida, me daba la impresión que estaba haciendo un reconocimiento del lugar donde nació. Ojalá sea así, porque después de analizar las fotos que tomamos, dedujimos por el grueso de las venas negras de sus alas y por  la información que teníamos que Chavela era realmente una hembra.
Me encantaría que si ha sobrevivido, regresara a depositar sus huevecillos en mi curassávica y reiniciar el proyecto. Cuando la vi volar me dije que era la primera vez desde mi niñez que había hecho las cosas bien, que se le debe enseñar a las nuevas generaciones que preservar la naturaleza en su medio y verla desenvolverse y cohabitar con nosotros es infinitamente mucho mejor que atrapar, matar y poner en un papel  a un ser  como si fueran estampillas en un álbum.

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